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Jueves, 10 Mayo 2018

La superación de Antonio: 15.000 voltios le dejaron sin extremidades y se declara feliz

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"Mi jefe me dijo: 'Sube'. Yo subí y... lo siguiente que recuerdo es verme colgado del arnés, gritando, con el brazo negro, los dedos destrozados, el guante de goma roto. Ahí ya sabía que este brazo lo perdía". Lo que no supo en ese momento Antonio Llamas, nacido en Osuna (Sevilla), de 26 años, era que se iba a despertar en el quirófano sin los dos brazos, sin la pierna derecha y sin medio pie izquierdo.

-¿Te prepararon, te lo contó alguien, o lo viste tú al despertar?

-Lo vi yo. Y entonces pensé: "¡Estoy vivo! Aquí hay que tirar palante"

Y en esas está desde el pasado 14 de diciembre, cuando su jefe le ordenó hacer un pequeño arreglo en Córdoba, en una línea de alta tensión que estaba en construcción (y por eso no debería haber tenido corriente). Pero la torre tenía electricidad, aunque nadie lo supervisó antes, y 15.000 voltios desfilaron por su cuerpo y le causaron quemaduras tan graves que hubo que amputarle tres extremidades enteras y medio pie para que no muriera de gangrena. Antonio vive ahora en una habitación de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, sin un ápice de depresión, pena, encierro en sí mismo o autocompasión, muchos de los síntomas habituales tras sufrir semejante trauma.

"El problema es que yo quería cuidar algún día de mis padres, y ahora son ellos los que tienen que cuidar de mí", explica el joven desde su habitación, donde sus padres le acompañan desde entonces. Han pasado casi seis meses y ya ha vuelto a andar con una pierna ortopédica, está entrenando con una máquina virtual cómo será utilizar los brazos biónicos que le tienen que implantar y, en el colmo de su afán por dejar atrás el hospital, ha decidido dejar de medicarse: "El dolor está en el cerebro. Tengo muchísimos dolores, sobre todo los de los miembros fantasma... Siento que me arden las manos, pero que me arden mucho, mucho; o que alguien me retuerce las muñecas como si me las fuera a romper, porque mi cerebro todavía ignora que no hay brazos ni pierna... Bueno, y porque no me lo ves, pero también tuvieron que rebañar un poco del pie izquierdo. Pero el dolor, te decía, está en el cerebro, así que he decidido superarlo sin pastillas ni nada", dice sin perder ni un instante la entereza.

A la vez que practica para su nueva vida, ha adquirido habilidades que no sospechaba. Utiliza el móvil con la nariz con la misma destreza que si fueran los dedos, y lo demuestra llamando a su madre sobre la marcha.

-¿Qué planes tenías antes de esto?

-Pues... Lo que todo el mundo, supongo. Tener mi casa, tener hijos, mi trabajo. Ahora tengo que salir de aquí y conseguir una nueva casa para que nos vayamos todos a vivir. Una casa adaptada, sin escaleras, con un baño grande, sin obstáculos, con domótica. Porque vivimos cinco en un piso de 70 metros, ¿sabes? Es una vivienda de VPO de la Junta de Andalucía, y allí yo no puedo vivir. No quepo ni en la ducha.

Otra de las metas a corto plazo, claro, es que se haga justicia. Su abogado, Daniel Vosseler, experto en estos casos, ha iniciado diversas reclamaciones y ha pedido que se reabra la investigación que se archivó de oficio en un juzgado de Montilla por la imprudencia que supuso no comprobar si había corriente. Alguien es responsable de ese fallo.

¿Y después, qué? Antonio no duda: ha encontrado un sentido a lo que le ocurrió. "No conozco a nadie más que haya sobrevivido a 15.000 voltios, así que quiero ayudar a otros. Antes de que me pasara esto ya ayudaba a todo el que podía, pero ahora quiero ayudar a otros a los que les haya pasado algo así".

-¿Te alegras de estar vivo?

-¡Claro! Me han atravesado 15.000 voltios y sigo aquí. Es para estar contento.

-¿Cómo ayudarías a otras víctimas?

-Lo primero que les diría es: "Vamos a tomar un café", y luego ya hablamos de lo que sea.

-¿Qué le dirías a alguien que haya sufrido un accidente como el tuyo y haya perdido la esperanza?

Antonio piensa un momento, muy breve, y responde: "Pues que me mire a mí, que aquí estoy".

 

"Somos el colectivo invisible"

"Alcoholismo, pérdida de calidad de vida, rupturas de pareja, depresión, aislamiento social. Encerrarse en casa. Pérdida de amigos y, en unas pocas ocasiones, hasta suicidios". Así resume Carlos Ventosa, presidente de la Asociación Nacional de Amputados de España (Andade) los síntomas típicos que sufre una persona tras una amputación. "Es peor aún en los casos traumáticos: accidentes laborales, negligencias, accidentes de tráfico.

Y hay muchos casos de gente amputada cuando socorría a otro accidentado. A estas personas les cuesta mucho más reponerse. Pero la cosa no acaba con el trauma de perder un miembro. Encima hay que pelear con la Administración para que te reconozca, con las aseguradoras para que indemnicen, con los médicos para recibir tratamientos, los precios desorbitados de las prótesis...".

Por eso, dice Carlos, se consideran el "colectivo invisible", y no pocas veces notan cómo por la calle les miran todos, para apartar la vista al pasar a su lado.

Son, cuenta Ventosa, "entre 80.000 y 100.000 amputados en España", aunque la Administración no les facilita datos oficiales actualizados.

 

Fuente: El Mundo.

 

 

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