En España unas 80.000 personas han sufrido algún tipo de amputación. Si a esto sumamos las personas que han nacido con agenesia (la falta total o parcial de alguna extremidad), la cifra de ciudadanos que conviven en España con alguna extremidad diferente o que necesitan prótesis se eleva aún más.
Para visibilizar su realidad, el 12 de abril se celebra el Día Internacional de las Personas con Extremidades Diferentes, una fecha en la que quieren que nos fijemos en ellos, pero no para ver lo que les falta, sino para reivindicar su derecho a tener una vida tan plena como la de cualquiera.
De hecho, en la mayoría de las ocasiones, la falta de una parte del cuerpo no es sinónimo de pérdida, sino de vida. Esto es algo que tuvo muy claro desde el principio Mayte Sánchez, a quien amputaron la pierna izquierda tras un atropello: "Lo primero que me dijeron al abrir los ojos fue que para salvar mi vida habían tenido que amputar la pierna, así que estuve agradecida desde el primer momento, porque sin la amputación no estaría aquí. Me sentí afortunada de haber perdido la pierna y no la vida".
Mayte ahora tiene 46 años, y cuando sucedió el accidente tenía 34. Trabajaba en su pueblo, Escúzar (Granada), estaba casada, tenía un hijo, conducía y era superdeportista. 12 años y medio después, sigue teniendo el mismo trabajo, el mismo marido y el mismo hijo -eso sí, bastante más crecido-, un coche automático y le encanta bailar y practicar pádel y yoga.
Tras el accidente, tan contenta estaba de estar viva, de "tener una segunda oportunidad de vivir", que, como recuerda entre risas, "me pasé todas las fases del duelo a la vez".
Aun así, no quiere que parezca que todo fue un camino de rosas y reconoce que los comienzos fueron duros. "Tenía mucho dolor y dependía de otras personas para todo, pero según va pasando el tiempo, todo va mejorando, vas retomando tu vida, sobre todo cuando tienes la prótesis, que lo facilita mucho. Al principio, salía con mis muletas y sin pierna y me daba igual la gente, ahora en cambio llevo peor que me vean sin la prótesis, pero sigo siendo de la opinión de que si tú te aceptas y te quieres tal y como eres, los demás también lo harán, aunque la primera vez te miren raro".
Una segunda oportunidad bien aprovechada
Al año y medio de la amputación, Mayte volvió a trabajar y adquirió nuevas responsabilidades, pues es la delegada en Granada de Andade, la Asociación Nacional de Amputados. "Creo que ahora las personas con amputaciones somos más visibles porque no nos escondemos, no nos avergonzamos, vamos con prótesis de colores… y eso va creando conciencia".
Aun así, falta mucho por hacer, pues muchos aún los miran con pena o como superhéroes. "En Andade hacemos mucha concienciación en colegios para que los niños vean que existen personas con amputaciones, con discapacidad, que es algo que le puede pasar a cualquiera y también para prevenir, pero queremos que vean que somos gente que disfrutamos de la vida, que bailamos, que viajamos, que trabajamos…".
Que haya atletas paralímpicos con extremidades diferentes ayuda a su visibilidad, pero como alerta Mayte, esto también puede ser un arma de doble filo. "La gente puede pensar que todos podemos ser paralímpicos o que podemos correr cuando, por ejemplo, una prótesis para correr es carísima, y no entra en la cartera de productos de la sanidad pública, te la tienes que costear tú… y, al final, lo más extraordinario que hacemos la mayoría es llevar una vida lo más normal posible, que no es poco".
Sus objetivos son, precisamente, demostrar que se puede llevar una vida normal y dar visibilidad al colectivo de personas amputadas, por eso a menudo lleva covers de colores y enseña su prótesis al mundo, que vean que existen, que bailan, que viajan…
Al final, lo más extraordinario que hacemos la mayoría es llevar una vida lo más normal posible, que no es poco
Por el camino se dejó algunas cosas que sigue echando de menos, como hacer senderismo con su familia sin limitaciones, hacer carreras con su hijo o subir las escaleras corriendo. "Yo me imaginaba con una pata de palo en el campo, pero no ha sido así", bromea.
Por otro lado, ser amputada le ha dado oportunidades de vivir experiencias que nunca hubiera imaginado, como ver cómo su pueblo se volcó con ella después del accidente o hacer de modelo por un día para una marca de covers. "Como decía Joseph Campbell: 'Debemos estar dispuestos a renunciar a la vida que hemos planeado para poder disfrutar de la vida que está esperándonos'", asegura.
Un día para reivindicar
Que ella esté contenta y agradecida con su vida, no le hace, ni mucho menos, conformarse, pues es consciente de que queda mucho por hacer por las personas amputadas y/o que necesitan prótesis. Para empezar, el catálogo de productos ortoprotésicos financiados por la sanidad pública está aún muy lejos de cubrir todas sus necesidades, a pesar de que lo actualizaron hace poco. "Entran muchas más cosas, pero faltan muchas todavía, y también falta que haya igualdad, porque en función de la comunidad en la que vivas tienes acceso a una cosas del catálogo y a otras no, el tiempo de renovación varía, en muchas hay que adelantar el dinero, que es mucho…".
Sin ir más lejos, todo lo que ella necesita para su prótesis cuesta unos 15.000 euros: "Mi pie cuesta unos 4.500 euros, la rodilla 5.500, la funda unos 1.000, el encaje unos 3.000… y todo es normal, una gama media, no es electrónica". De todo esto, tiene que pagar gran parte, pues, como se quejan desde Andade, "los médicos que prescriben las prótesis a veces se quedan ‘cortos’. Deberían ser más empáticos, tener más en cuenta nuestras necesidades".
Para la sociedad en su conjunto también tiene varias reivindicaciones, que se resumen en una: empatía. "Muchas veces es tan fácil como hacer pequeñas adaptaciones, poner barandillas a ambos lados de las escaleras, que haya una barandilla en medio si es muy ancha… en accesibilidad también queda mucho por hacer. Si la gente, aunque fuera solo un día, se pusiera en nuestro nuestro lugar, se subieran a una silla de ruedas o fueran en muletas… verían lo que significa un obstáculo en una acera, un coche mal aparcado, ocupar una plaza de movilidad reducida…".
Y a un nivel más personal, anhelaría... tener una rodilla. "Yo ya no anhelo tener pierna, pero sí rodilla. Ya no digo ‘ojala no me hubieran amputado’, sino ‘ojalá no me hubieran amputado por encima de la rodilla’. Me da envidia un amputado de tibia", concluye.
FUENTE: 20 MINUTOS